lunes, 30 de agosto de 2010

LA TUMBA DE RAFAEL TUPAYACHI FERRO


Nuestra amiga la escritora Karina Pacheco Medrano presentó hace poco su bella novela "La Sangre, el polvo, la nieve" en la que relata la historia de una familia cusqueña que estuvo relacionada con ese gran maestro, artista y revolucionario llamado Rafael Tupayachi Ferro. Muchos aspectos de la vida insigne de Tupayachi se muestran a lo largo de la novela, la entrega de éste a su arte a su ideología y su pasión por la enseñanza; también están las traiciones, por parte del propio director del colegio escolar al que sirvió, quien redactó un documento acusatorio que desencadenó la persecución, detención, encarcelamiento y tortura de que fuera objeto este apóstol y mártir de la educación. Muchos años después, quizá creyendo ser amparado por el olvido, aquel director publicó una serie de álbumes con cientos de réplicas de la iconografía de la cerámica inca. Es presumible que gran parte de esa colección haya sido saqueada del álbum que creara y trabajara Tupayachi, pues ese álbum original se halla perdido. Así se habría consumado, no sólo la delación cobarde y el crimen contra el gran maestro, sino, también, le habrían robado su máxima obra de investigación histórica y arte plástico.

De muy niño, mi padre, -gran amigo y camarada de Tupayachi-, en una de las tantas visitas al cementerio en que solíamos poner flores a nuestros deudos muertos, me mostró la tumba del maestro Tupayachi, hecho que se me grabó en la mente pues la lápida ostentaba, claramente, la hoz y el martillo, el símbolo del comunismo. Mi padre me habló de él, de su obra y su vía crucis.

Muchos años después traté de buscarla pero no la hallaba, y ya no tenía a mi padre para que me la mostrase nuevamente.

El pasado sábado 28 de agosto, luego de poner unas flores a la tumba de mi madre, recorrimos varios pabellones, con mi hermana Tania y Anita, mi esposa. Yo me adelanté a buscar por donde sabía que estaba la tumba de Don Rafael y tuve la fortuna de encontrarla; solitaria, ya sin el vidrio que protegía la lápida, estaba casi totalmente olvidada, con su lápida de mármol blanco. En la parte superior está grabado el nombre en letras negras sobre una cinta de pergamino que termina en una guirnalda y una palma. Sobre un fondo oscuro está esculpido un libro abierto, sobre cuyas páginas, arriba están una sigla "I. T. E. E" que no llego a descifrar, quizá sea la sigla de alguna institución de educadores, y la sigla de su partido: "P. C. P" (Partido Comunista Peruano). Poco más abajo, en la parte izquierda, se observa una mano sobre el yunque del trabajo, llevando una lumbre: la luz del conocimiento y de la ciencia que brilla en una halo dorado; en la parte derecha destacan la hoz y el martillo con la inscripción, "Recuerdo de su esposa" y, debajo, una cruz y la inscripción "JULIO 28 - 1933"; termina con las iniciales: "N P" (nicho perpetuo).
Setenta siete años después del fallecimiento la tumba está allí, conteniendo los restos mortales de aquel profeta andino y apóstol de la nueva sociedad. Ya nadie guarda la memoria de sus torturadores y judas que lo vendieron, mientras él renace y se encumbra como uno de los hombres más grandes y sublimes que esta tierra cusqueña haya dado: El maestro Rafael E. Tupayachi Ferro.

La tumba se encuentra en la parte alta del pabellón San Agustín y lleva el número E-2, para su identificación acompaño esta foto.

Cusco 30 de agosto.
JAGS

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